30 de mayo de 2008
rufo de francisco marín laredo
Nos encontramos en el comedor del Náutico de Laredo. Alrededor de una mesa, un grupo de amigos, todos Socios del Club, festejan el cumpleaños de Iñaki y a los postres, uno de ellos dice:
- ¿Te acuerdas, Antonio, que este mismo día del año pasado, estábamos aquí todos, y nos mostraste un curioso plano de un ingeniero, creo que francés, de mil setecientos, en el que aparecían dibujada una batería, que estuvo situada en lo que hoy es el Náutico?
- También nos dijiste que en otra ocasión nos contarías sobre temas históricos o anecdóticos diversos.
- ¡Tienes buena memoria, Luis! Si os parece, en esta ocasión podemos hablar del primer puerto que tuvo Laredo, conocido como Antígua Dársena, ya que su antigüedad se remonta al Siglo XVI, es decir, a la centuría de 1.500. ¿Qué os parece?
- ¡Que somos todo oídos!
- Laredo, desde su misma existencia, siempre tuvo problemas con sus puertos. La orientación de su extensa playa, unida a las mareas, corrientes y vientos dominantes, han hecho que tras cada larga y costosa construcción de un puerto, muro o cai, la invasión constante de arenas terminase por colmatar e inutilizar su calado y hacer inviables su utilización, tiempo después. La llamada “Antigua Dársena” fue de las más duraderas y consistía en dos espigones: el más corto partía de la fortificación de La Taleta, emplazada ésta, a modo de una península rocosa, cerca del actual edificio que albergó el comercio “Gran Bazar”, situado en la margen izquierda de la Calle López Seña, esquina a la Calle Doctor Velasco. Este tramo corto continuaba arrimado ya al lado izquierdo de la propia Calle Dr. Velasco, invadiendo ligeramente el solar sobre el que se ubica hoy la Casa de Cultura “Dr. Velasco”, para terminar en la esquina Norte-Este de esta finca. El otro espigón, el más largo, acababa en La Atalaya, próximo al actual Bar “El Rincón del Puerto”, y se extendía, en dirección Sur, hasta finalizar frente al lugar donde acababa el tramo corto, formando el espacio entre ambos, su bocana o “bocal” de entrada y salida. ¿Sabéis dónde quedaba esta bocana? Ni lo imagináis. ¡Dentro de la zona ajardinada de la Casa de Cultura, en la parte posterior de la misma, junto a su acceso desde la Calle Eguilior.
- ¡Un momento, Antonio! ¿Quieres decir que en esa Dársena, que hoy es el centro de Laredo, desembarcó Carlos V?
- ¡Exacto, Alberto! Cuando el Emperador llegó a esta Villa, en la tarde del 28 de Septiembre de 1.556, lo hizo en ese punto, a escasos metros del viejo Ayuntamiento.
- Queda algún vestigio de ese puerto?
- Precisamente en Julio del pasado año, el Ayuntamiento de Laredo acogió con sensibilidad la propuesta que le formuló la Asociación Cultural “Amigos del Patrimonio de Laredo”, aprovechando las obras de remodelación del jardín trasero de la Casa de Cultura, para hacer unos hoyos o “catas” para ver de encontrar la bocana de la “Antígua Dársena”, en el punto que señalaba los planos que se conservan, entre ellos uno de 1.908 del gran Arquitecto D. Joaquín de Rucoba. A las pocas horas aparecieron, a unos dos metros de profundidad, los bloques o sillares de piedra de uno de los dos tramos, el más largo, que formaban el bocal de la Dársena. Tras ser fotografiado, volvió a cubrirse todo, por causa de las obras dichas. Ahora se está a la espera de lo que determine el Ayuntamiento de Laredo en orden a mostrar al público, como sería de desear, siquiera uno ó dos de los sillares encontrados, que podían ser elevados y posados a nivel del suelo del actual jardin, junto con una cartela con un texto y el plano del Sr. Rucoba, como recordatorio permanente del emplazamiento de la Antígua Dársena.

- Bien, Antonio, muy bien, pero, ¿a que no se te ha ocurrido traer ese dibujo, para que lo conociéramos?
- ¡Eres hombre de poca fe, Emilio!. No solo he traído el plano, que es una auténtica primicia, sino que he hecho 8 copias del mismo, para entregaros una a cada uno de vosotros.
Aplauso general. Instantes después, el grupo de viejos amigos, se agolpa sobre la mesa, y sacan cada uno, a hurtadillas, sus gafas de leer, mientras Antonio les explica la situación y características de la “Antígua Dársena” ...
Arturo, quien ha permanecido callado hasta entonces, eleva su recia voz y dirigiéndose a Antonio, dice:
- Un brindis por Antonio, y que vaya pensando ya en lo que nos ha de contar el próximo año, ¡que la vida es corta, amigos!
R. de F.
(Artículo publicado en el Programa de Actividades 2008 del Real Club Náutico de Laredo.)