Xavier Cugat en Laredo (y II)

18 de junio de 2006

rufo de francisco marín laredo

En la primera parte de estos recuerdos, dábamos unas pinceladas, a modo de introducción, en especial dirigidas a los más jóvenes, sobre la personalidad de quien fué afamado músico, compositor y adaptador, así como creador de la que durante muchos años fue la orquesta más famosa del mundo, el polifacético Xavier Cugat, español afincado en Estados Unidos durante casi setenta años.

Por ello, cuando en el verano de 1.956 –no tenemos esta fecha absolutamente contrastada- saltó la noticia en Laredo de que Xavier Cugat iba a actuar en el Tenis Club de esta Villa con su orquesta, acompañado de su mujer Abbe Lane, al principio la gente pensó que se trataba de un bulo, pero efectivamente, días después, un sábado de mediados de Agosto de aquel año, tuvo lugar su actuación, que por imprevista, ni siquiera figuraba en los anuncios del Club en el programa oficial de fiestas del Ayuntamiento de Laredo de aquel verano.

Ya dijimos en el anterior número de esta Revista, que cuando había espectáculos interesantes en el Tenis Club, los laredanos, en su condición de “socios externos”, acudían masivamente y se situaban a lo largo de las tres calles entre las que estaba instalado el Club, es decir, Avenida de la Victoria, Calle Guillermo Martínez Balaguer y Calle Marqués de Valdecilla, en la parte exterior del cierre perimetral del Tenis, para no perder detalle del espectáculo que se desarrollaba en sus instalaciones, ya que el escaso desarrollo de los arbustos plantados en la parte interna de la cerca, permitía su observación sin mayores incomodidades.

El Tenis Club estaba materialmente lleno de socios, pues había expectación por ver esa actuación, ya que había supuesto un considerable esfuerzo económico de la entidad, cuya directiva, que residía en Madrid, tuvo ocasión de enterarse de que Xavier Cugat se encontraba en gira por Europa, acompañado de su joven esposa, la cantante Abbe Lane, con la que se había casado en 1.952, cuando ella tenía 20 años y él 52, ya que Xavier había nacido en 1.900. Y los directivos no desperdiciaron la ocasión.
A media mañana llegó a esta Villa el autobús conteniendo a la pareja y a los componentes de la orquesta. Como el día resultó muy soleado, muchos de ellos acudieron a la playa.

Abbe Lane, cuando actuó en Laredo, tenía 24 años, era de rostro muy atractivo, lucía una figura esplendorosa, peinaba una larga melena rubia y sus vestidos eran siempre muy ajustados y escotados. Cugat la convirtió muy pronto en la reina del “cha-cha-cha”.

Cuando Cugat -conocido entre sus amigos como “Cugui”- hizo su aparición en la pista, fue recibido con una larguísima ovación, que se prolongó mucho más al presentar al público a Abbe Lane.

Xavier en ese momento llevaba en la mano una pipa, que a veces acercaba a la boca, pero que nunca utilizó “de verdad”, porque no era fumador. La usaba únicamente porque resultaba muy fotogénico con ella.

A continuación su afamada orquesta “Cugat and the Gigolos”, todos vestidos con vistosas chaquetas rojas llameantes, al igual que lo había hecho durante décadas en el Hotel Waldorff Astoria, de Nueva York, inició su actuación con la canción del compositor Ernesto Lecuona, “Siempre en mi Corazón”, lo que volvió a arrancar las ovaciones del público.

Xavier estuvo esa noche soberbio: cariñoso, simpático y locuaz y ocurrente.

Tras interpretar la orquesta un amplio repertorio de música bailable, caribeña y brasileña sobresaliendo congas, rumbas, cha-cha-chas, tangos y calipsos, con acertadas “salpicaduras” de jazz americano, se llegó el descanso.

Cuando se inició la segunda y última parte, con la actuación de Abbe Lane como cantante, “Cugui” apareció con un gracioso perrito chihuahua en el brazo.

Entre una canción y otra, acariciando a su menuda mascota, dijo:

“Me encuentro aquí, de verdad, como en mi propia casa, porque tienen ustedes que saber que yo vivo también en Laredo, Texas, donde tengo otros muy lindos perritos. A partir de ahora, cuando vuelva al Laredo texano, me seguiré acordando de este Laredo tan bello, que he tenido ocasión de conocer, así como sus gentes, y su preciosa playa. ¿Verdad que sí, cariño?

Al asentir su bella mujer, muy sonriente, otra larguísima ovación resonó en el recinto, a la que se sumaban los aplausos de los “socios externos”, que seguían, en directo la actuación a través de la megafonía.

Y es que Cugat no mentía. Como en todo veía posibilidades de crear algún tipo de negocio, al hacer una escena con un perrito, que tuvo mucho éxito, se le vino a la cabeza dedicarse a la crianza de perros chihuahuas, estableciendo el criadero en la homónima ciudad de Laredo, en el estado de Tejas, la cual, como se sabe, queda separada de Nuevo Laredo, perteneciente al estado de Tamaulipas, en Méjico, por medio del Río Grande –como se le conoce en EE.UU., o Río Bravo como le denominan en Méjico, cuyo río hace frontera entre ambos paises y se salva a través de cinco puentes internacionales.

En la segunda parte del espectáculo Abbe Lane deleitó al público cantando melódicas baladas, muchas en correcto español, mientras se movía por la pista con gran soltura y voluptuosidad, ya que “Cugui” le había enseñado, y bien, todas las artes escénicas. No olvidemos que Xavier aconsejó a Carmen Miranda, la bailarina, cantante y actriz brasileña, el uso de aquellos a modo de sombreros con frutas caribeñas en la cabeza, que utilizó en sus películas musicales, y que fue también quien descubrió a la mismísima Rita Haywort, con la que intervino en un filme. Esta actriz, máximo símbolo sensual del cine de los años cincuenta, protagonista de “Gilda”, estuvo casada con el príncipe pakistaní Alí Kan, quien recibía cada cumpleaños de su pueblo, como regalo, su peso en oro.

La actuación de Abbe Lane con la orquesta de Xavier Cugat, constituyó todo un éxito de publico, tanto de socios como de laredanos, que no se perdieron un espectáculo semejante, y que unos y otros recordarían por muchos años.

A modo de epílogo y como curiosidad, Cugat, mundano y mujeriego, tuvo varias esposas, que enumeramos por orden cronológico: Rita Montaner, intérprete de música clasica; Dolores del Río, actriz mejicana; Lorraine Allen, modelo; la Abbe Lane de nuestros recuerdos; Charo Baeza, bailarina; e Yvone Martínez. Hubo también otras mujeres que endulzaron su existencia.

En cuanto a Abbe Lane, cuyo nombre real es Abigail-Francine Lassman, descendiente de una familia judía establecida en Brooklyn, Nueva York, se divorció de Xavier en 1.963, tras once años de matrimonio. Su última aparición fue en una serie de TV del año 1.985.

Por último, Cugat, con 21 películas que le hicieron conocido en todo el mundo, grabó muchos álbumes de discos en Mercury, con audaces arreglos, así como grandes temas originales. Pasó después a la marca Decca, donde lanzó una serie de álbumes que van de la música Disco al Latin Soul y que incluyen temas excelentes. Varese Saraband lanzó recientemente una extraordinaria muestra, en su compilación de 1.997, en CD, titulada “Cugie a-Go-Go”.

Sin olvidar sus caricaturas, ya que fue un afamado dibujante, exhibidas en exposiciones en todos los continentes, Cugat, con sus ojos achinados, pequeños y maliciosos, con la sonrisa permanente, su pipa en la boca o su chihuahua en el brazo, que le gustaba presumir de su casticismo, apareció en muchas de sus imágenes en las Américas y en Europa, tocado con una boina muy a la española.

Viajaba con frecuencia a España y en diversas ocasiones expuso sus dibujos y caricaturas en Barcelona y Madrid
Establecido definitivamente en Cataluña, Francisco de Asís Javier Cugat Mingall de Bru i Deulofeo, nacido en Gerona, conocido mundialmente como Xavier Cugat, nos dejó un 27 de Octubre de 1.990, tras una larga y fecunda vida vivida de noventa años de edad.

A mi lado, “Cugui”, con su bigote recortado, sonríe y parece mirarme, desde la cubierta de una colección de sus CD conteniendo sus últimas interpretaciones. Confieso que he sido un gran admirador suyo y de su música amable, permanentemente melódica, a veces desbordante de ritmo y siempre con esencias y sonidos del Trópico.

Desde esta Villa noble que conociste, que sepas, “Cugui”, que te seguimos recordando.

R. de F.

(Artículo publicado en el número de Junio de 2006 de la revista “De Laredu, Lin”.)