Xavier Cugat en Laredo (I)

18 de junio de 2006

rufo de francisco marín laredo

Del baúl de los recuerdos extraigo el de la actuación de Xavier Cugat y su orquesta, en Laredo.

Los datos que contiene ese baúl no me permiten precisar el año en que esa actuación tuvo lugar. Creo que se sitúa muy al final de la década de los años cincuenta, inclinándome entre 1.957 y 1.960.

Fue en una gira por Europa de la orquesta del afamado Xavier Cugat cuando la Directiva del Tenis Club Laredo decidió traerla al Club,  cuyo edificio social e instalaciones se ubicaban en la segunda manzana de la Avenida de la Victoria, al Norte, en su margen izquierda, entre las perpendiculares Calle Guillermo Martínez Balaguer, al Este, y Calle Marqués de Valdecilla, al Oeste.

 El acceso principal, entonces, no era el de la Avenida, sino en un extremo de la Calle Martínez Balaguer,  a lo largo de la cual se situaban las tres pistas de tenis, si bien después se modificó a través de la Avenida, para temer la entrada en sus últimos tiempos a la siguiente Calle Marqés de Valdecilla.

Normalmente el Tenis Club contrataba en verano, principalmente durante el mes de Agosto, una acreditada orquesta, muchas veces madrileña, aunque también actuó en otras ocasiones, con señalado éxito, la orquestina local “Osnofla”, que era el nombre, pronunciado al revés,  creada por el  músico, Director de Banda, de Orquesta y compositor,  el laredano y tántas veces recordado Don Alfonso Ruíz Martínez.

Cuando el Tenis organizaba alguna fiesta o gala sobresalientes, como la Noche de Disfraces,  normalmente los fines de semana, la noticia, que era anunciada en los programas oficiales de fiestas de Laredo, los laredanos acudían esa noche en masa al Club. Hay que aclarar inmediatamente, que eran  muy pocos los vecinos de esta Villa que eran socios y que su inmensa mayoría estaba constituída por “veraneantes” principalmente familias acomodadas residentes en Madrid, y también de otras regiones limítrofes, que desde los años cuarenta  tenían sus chalets en Laredo, donde venían a veranear, durante los meses de Julio, Agosto y Septiembre, acompañados de sus servidumbres, como  cocineras, chóferes,  niñeras, etc.

 Cuando digo que  los laredanos acudían masivamente  me refiero a que se situaban en el exterior de las cercas que delimitaban el Tenis, principalmente en la zona de acceso, para ver desde allí, en primer plano, primero la entrada de los socios, y seguidamente, bien a través de las amplias cristaleras del edificio social, cuando la orquesta y el baile tenían lugar en su interior, o ya cuando noches apacibles y calurosas lo aconsejaban, músicos y socios salían a la zona externa,  destinada  la parte Norte a zona verde y ajardinada, y que disponía al Sur de una extensa  pista de baile.

Como el cerramiento era de un murete que llegaba hasta la cintura de una persona adulta, y sobre él se elevaba una malla metálica, con unos espaciados arbustos recortados plantados por la parte interna, se podía ver, a través del enramado,  con bastante  facilidad, el ambiente de la fiesta que se desarrollaba en el Club, escuchar las melódicas y modernas canciones que interpretaba la orquesta, y sobre todo ver los trajes, atuendos y disfraces de los socios, cuyas fiestas se alargaban, como máximo, hasta, a lo sumo, las dos de la madrugada, hora en la que cesaba la orquesta y los socios abandonaban en Club, y con ellos, los laredanos, éstos en su condición de “socios externos”.

En ese ambiente general fue cuando se corrió la noticia de que  el mismísimo Xavier Cugat, artista polifacético,  iba a actuar con su mundialmente famosa orquesta y con la participación estelar de la cantante Abbe Lane,  la exuberante y llamativa nueva esposa de Cugat.

Muchas personas, principalmente jóvenes posiblemente desconozcan al personaje y a su mujer, por lo que juzgo necesario dar previamente unos trazos de su fuerte personalidad, aunque alargue estos recuerdos a una segunda parte, ya para el siguiente ejemplar de “De laredo, lin”:

Xavier Cugat nació en Gerona en 1.900. A los pocos años su familia se estableció en La Habana, y allí desarrolló sus facultades musicales. A los 6 años su padre le regaló su primer violín, y a los 12 años tocaba en la Orquesta Sinfónica del Teatro Nacional de La Habana, en cuya capital conoció al gran tenor Enrico Caruso, quien le pronosticó que tendría un gran éxito en EE.UU. También comenzó a destacar como magnífico dibujante.

Al término de la Primera Guerra Mundial, en 1.918, llegó a Nueva Cork, donde al no encontrar a Caruso, que se encontraba en Italia,  atravesó numerosas dificultades, incluídas las económicas. En la “Gran Manzana” conoció al catalán Agustí Borguyó,  joven pianista, y ambos formaron un dúo de piano y violín. A partir de entonces cambió la suerte de Xavier. Al cabo de un tiempo viajó a Los Angeles, donde se encontró con una compañera de estudios en La Habana,  Rita Montaner, formando un dúo de música clásica, realizando su primera gira por Europa. Poco después Xavier y Rita se casaron.

Al retorno de su gira, Cugat decidió quedarse en Hollywood, cuando apenas tenía 20 años. Fué entonces cuando  tomó posiblemente la decisión más importante de su vida: abandonar la música clásica y pasar a la música afrocubana, con acertados toques de jazz, introduciendo la Conga y la Rumba, para hacerla atractiva al público norteamericano. Con su primer orquesta, Coconut Gove,  Cugat se  relaciona con la flor y nata de Hollywood, Chaplin, Mari Pickford, Douglas Fairbanks, Rodolfo Valentino, Greta Garbo, y años más tarde descubrío a Rita Cansino, que luego se convertiría en la famosa actriz Rita Haywort, con la que apareció más adelante una película. Tambien comenzó en esos años a ser conocido por sus dibujos y caricaturas, tanto que  en 1.924 el periódico Los Angeles Times le contrató para realizar una caricatura semanal que resultó todo un éxito.

Cugat tenía un olfato especial para los negocios. Montó una tienda de venta de pipas, para explotar la secular imagen dirigiendo su orquesta con una pipa, que jamás usó, pues no era fumador. Al aparecer en una escena con un perrito, que se puso de moda,se dedicó también a la crianza de perritos “chihuahua” en Laredo, Texas (atención al dato, en la segunda parte de estos recuerdos). También tuvo varios restaurantes, que gestionaba su hermano Enric, donde se servía comida española con su “toque” americano.

En Nueva York las fiestas en el Hotel Waldorff Astoria contaron durante décadas con la nueva orquesta de Cugat, “Cugat and the Gigolos”, vestidos con chaquetas de rojo llameante, convirtiéndose en el primer exponente de la música latina, popularizando el cha-cha-cha, la conga, el mango, el calipso y la música brasileña. Con la canción “Perfidia” obtuvo un éxito rotundo.

Evidentemente, Xavier Cugat acertó con el cambio de la música clásica a  la latina y afrocubana y lo confesaba abiertamente: “Prefiero tocar ‘Chiquita Banana’ y tener una piscina, que tocar a Bach y morirme de hambre”.

Cugat intervino en numerosas películas musicales, apareciendo siempre en el papel de director de música rítmica y bailable. Destacan “Holiday in Mexico” y “This time for Keeps”.

Con estos datos, entraremos de lleno, el próximo mes, en la recreación del fugaz aunque impactante acontecimiento que supuso la presencia de Abbe Lane, Xavier Cugat y su orquesta, en Laredo.

R. de F.

(Artículo publicado en el número de Mayo de 2006 de la revista “De Laredu, Lin”.