Una original subasta

2 de abril de 2012

rufo de francisco marín laredo

Los cronistas que acompañaron a Carlos V, describieron de forma pormenorizada el trayecto del ex - Emperador desde su salida del puerto de Flesinga, en Flandes, el 17 de Septiembre de 1.556 a bordo de la nao “Espíritu Santo”, de 565 toneladas, más conocida por la “Bertendona”, por ser su propietario y capitán el vizcaíno Martín Jiménez de Bertendona.

Este navío encabezaba la flota de cerca de sesenta naves, algunas de gran porte, al mando de Luis de Carvajal, capitán general de la armada en Guipúzcoa, hasta su arribo al puerto de Laredo en la tarde del 28 del mismo mes, víspera de la festividad de San Miguel, donde ancló con tiempo favorable y la mar bella, mientras que las hermanas del Cesar, las reinas Doña María de Francia y Doña Leonor de Hungría, que hicieron la travesía en la nave flamenca “Faucón”, desembarcaron al siguiente día, horas antes de que se desencadenase una gran tormenta que ocasionó la pérdida de ochenta tripulantes, de numerosos navíos de la flota y de un cargamento valorado en ochenta mil ducados.

El atraque de la nave imperial se efectuó en la Antigua Dársena, cuya bocana formada por el dique principal y el contradique se situaba en lo que hoy es el ajardinamiento trasero de la actual Casa de Cultura.

Los fieles cronistas narraron que Carlos V con su abultada comitiva, inició el día 6 de Octubre, por la mañana, el largo y penoso camino hacia su destino final, que realizó en 21 etapas, tras cinco meses de penoso peregrinar, recorriendo más de 90 leguas, hasta llegar a Yuste el 3 de Febrero de 1.557. Poco pudo disfrutar de su retiro en el Monasterio. Su quebrantada salud, después de continuos padecimientos, se extinguió, rodeado de sus más fieles servidores y de altos dignatarios de la Iglesia. Tras besar una vez más el Crucifijo, exclamó: ¡Jesús!, inclinó la cabeza, dio tres boqueadas y expiró. Eran las dos de la madrugada del 21 de Septiembre de 1.558. Contaba el ex - Emperador cincuenta y siete años de edad, y tan solo año y medio lo había pasado en Yuste.

Tras la partida de Carlos V rumbo a Yuste, los regidores laredanos tomaron conciencia del más que lamentable estado en que se encontraba la Casa Consistorial, en la que habían recibido al Emperador, por lo que, meses después, en 1.557, acordaron, por unanimidad, su derribo.

Las condiciones que debían regir la construcción del nuevo edificio fueron aprobadas el 26 de Julio de ese año 1.557.

El redactor de la traza o proyecto elegido de la nueva Casa Consistorial fue Simón de Bueras, maestro carpintero y vecino del Valle de Aras, discípulo de Berruguete y autor de la sillería del coro de la Cartuja de Miraflores, quien también trabajó en la Catedral de Burgos y en otros importantes proyectos.

Anunciada por el pregonero la subasta, tanto en Laredo como en los alrededores, se presentaron a la misma reputados tallistas de piedra y madera, procedentes del mismo Valle de Aras.

El día fijado acudieron a la subasta siete licitadores.

El Juez y Regidores ordenaron el inicio de las pujas. Para ello, mandaron poner sobre la mesa un alfiler junto a la llama de una vela encendida, mientras cada licitador iba señalando su oferta.

Cuando caía el alfiler, la obra se adjudicaba al postor que acababa de expresar su oferta en el instante mismo de la caída.

La primera oferta fue de Pedro Naveda, de Secadura, por 1.850 ducados.

Le siguieron los siguientes licitadores, que fueron rebajando cada uno la oferta precedente, por este orden:

Hernando del Ribero, en 1.800 ducados.
Pedro de Cerecedo, en 1.790 ducados.
Hernando del Rivero, en 1.600 ducados.
Juan de Cerecedo, en diez ducados menos.
Juan del Valle, en diez ducados menos.
Martín Ochoa, en diez ducados menos.
Juan de Cerecedo, en diez ducados menos.
Martín de Ochoa, en veinte ducados menos.
Juan del Valle, en diez ducados menos.
Juan de Cerecedo, en diez ducados menos.
Lope de Redondo, en un ducado menos.
Martín Ochoa, en 1.500 ducados.
Hernando del Rivero, en diez ducados menos.
Juan de Cerecedo, en diez ducados menos.
Lope de Redondo, en un ducado menos.
Juan de Cerecedo, rebajó dos veces diez ducados.
Hernando del Rivero, en cuatro ducados menos.
Juan de Cerecedo, en diez ducados menos.

En el instante en que Juan de Cerecedo, acababa de formular su oferta, cayó el alfiler sobre la mesa, por lo que la obra de la construcción de la nueva Casa Consistorial le fue adjudicada al mismo por la cantidad que ofreció en su última postura, de mil cuatrocientos treinta ducados.

Derruido el viejo consistorio en Julio de 1.557, se inició inmediatamente la construcción del nuevo, conforme al proyecto del citado Simón de Bueras.

La Villa puso sus canteras, para la extracción de la piedra a labrar para los pilares y arcos y el recercado de puertas y ventanas, así como la cal necesaria y todo el material que pudiera utilizarse del derribo del anterior consistorio.

La tabla y la madera para la construcción, tenían que darse al adjudicatario, junto con la que se había comprado en Cicero, y con parte de ella se construyó una grúa de madera, que resultó imprescindible durante el proceso de edificación.

El nuevo edificio, por decisión de las autoridades locales, no incluía cárcel en su distribución. Entre las dependencias, contaba también, como en el anterior, con una capilla, para celebrar misa los días de sesiones, antes del comienzo de las mismas.

Este Consistorio, concluido en 1.562, tras cinco años de obras, quedó formado por un inmueble de dos plantas. En la fachada principal, orientada a la Plaza, dispone de dos hileras de arcos rebajados: cinco en la baja, formando soportal, por donde tiene su acceso, y tres en la superior, con dos balcones a los extremos; tres arcos en la fachada Sur, creando igualmente un soportal, con tres ventanas en la planta superior; un único arco lateral, con diversas ventanas, en la fachada Norte y otro único arco lateral en la fachada trasera u Oeste, por la que tiene su acceso secundario, con cinco ventanas en planta baja y seis ventanas y un balcón central –éste de ejecución posterior- en la planta primera.

El reloj, con dos casetones que alojan sus esferas, orientadas al Este y al Oeste, es de principios del siglo XIX y en la cumbre del tejado sobresale una torre o armazón con cubierta semiesférica, que soporta hoy una sola campana de reloj –anteriormente contaba con dos campanas-, rematada por una veleta con motivo alusivo a la conquista de Sevilla.

También cuenta con un reloj de sol, situado en la cubierta, en su esquina Sur-Este, que fue instalado el año 1.705.

De modo tan completo y pormenorizado, a la vista de los legajos originales que tuvo a la vista, el descendiente laredano Don Manuel Bustamante Callejo contó las vicisitudes de la subasta y de la construcción del Ayuntamiento de esta Villa, que publicó hace ya medio siglo, quien con gran conocimiento y erudición ha venido desgranando en distintas ocasiones, diversos e interesantes aspectos sobre el pasado de este Laredo que, desde la distancia, llevaba siempre grabado a fuego en su memoria y en su corazón.

Ello nos ha permitido conocer cómo se desarrolló la subasta para la adjudicación de las obras de construcción del Consistorio laredano, incluido el curioso proceso del “alfiler sobre la vela encendida”, que tuvo lugar aquel lejano año 1.557.

R. de F.