¡Falta, ladrón!

28 de septiembre de 2011

rufo de francisco marín laredo

Con notable éxito se vienen celebrando en Laredo, en la última semana del mes de Septiembre de cada año, las fiestas del “Ultimo Desembarco de Carlos V”.

Cabe recordar que ese festejo se creó el año 1.999, a iniciativa del entonces Alcalde de esta Villa, Don Fernando Portero Alonso. Desde su primera edición, el pueblo de Laredo intuyó las posibilidades que podía aportar el mantenimiento de este evento, en sus distintas vertientes, histórica, cultural, turística, comercial y de participación ciudadana. De otro lado, se trataba de “estirar” algo más la temporada estival, tan corta en nuestras latitudes.

Los objetivos se han cumplido con creces, y a la vista está el resultado de la las sucesivas celebraciones. Mayoritariamente el vecindario ha valorado muy positivamente el contenido y desarrollo de la última edición, por ejemplo con la recuperación del primitivo emplazamiento del mercado medieval en el Paseo Menéndez Pelayo, el aumento significativo de los puestos y talleres de artesanos de todo orden, que al rebasar la capacidad de acogida del Paseo, tuvieron que ubicarse en el primer tramo de la Calle López Seña, así como en la Alameda de Miramar, ampliada, además, con otras numerosas actividades, como juegos, atracciones y carruseles de feria –movidos a brazo-, y la presencia de animales, como caballos de reducido tamaño, burritos, camellos y dromedarios, así como la simpática y original participación de las disciplinadas ocas.

En la Plaza de la Constitución, el mercado de las artes, con la elaboración de toneles, de objetos de forja en la fragua, del soplado del vidrio, de la talla en madera, etc.

Y, principalmente, la magnífica representación en el palenque instalado a la entrada de la playa, arropada por centenares de vecinos ataviados con trajes y vestimentas de época, rememorando la llegada del Emperador Carlos V a Laredo de aquel lejano 28 de Septiembre de 1.556, la obligada oración y los discursos de las autoridades, las actuaciones, los vistosos fuegos, para continuar en la siguiente jornada con el torneo medieval y culminar el domingo con desfiles, representaciones teatrales y fuegos de artificio.

El buen tiempo fue el gran aliado. Laredo lució con todo su esplendor el ambiente de época, con las hileras de banderolas colgadas a lo largo de las calles, la profusión de tapices con magníficas representaciones heráldicas, que se exhibían en numerosos balcones, elaborados con rigor y calidad y de modo absolutamente desinteresado por un laredano entusiasta de la fiesta.

Otras muchas asociaciones y particulares han colaborado estrechamente, y en cabeza, el Ayuntamiento de Laredo y la empresa adjudicataria encargada de desarrollar este importante evento. Entre todos, incluido el vecindario y los miles de personas que nos han visitado, se ha logrado que esta fiesta se superase a sí misma.

Ahora bien: ¿Qué relación guardan estas líneas con el título que las encabeza?

Fueron los cronistas que acompañaron al ex – Emperador quienes describieron de modo muy pormenorizado, el trayecto de Carlos V desde su salida de Flesinga, en Flandes, el 17 de Septiembre de 1.556 a bordo de la nao “Espíritu Santo”, de 565 toneladas, más conocida por la “Bertendona”, por ser su propietario y capitán el vizcaína Martín Jiménez de Bertendona,  encabezando la flota de cerca de sesenta naves, algunas de gran porte, al mando de Luis de Carvajal, capitán general de la armada en Guipúzcoa, hasta su arribo al puerto de Laredo en la tarde del 28 del mismo mes, víspera de la festividad de San Miguel, donde ancló con tiempo favorable y la mar bella, mientras que las hermanas del Cesar, las reinas Doña María de Francia y Doña Leonor de Hungría, que hicieron la travesía en la nave flamenca “Faucón”, desembarcaron al siguiente día, horas antes de que se desencadenase una gran tormenta que ocasionó la pérdida de ochenta tripulantes, de numerosos navíos de la flota y de un cargamento valorado en ochenta mil ducados.

El atraque de la nave imperial se efectuó en la Antigua Dársena, cuya bocana formada por el dique principal y  el contradique se situaba entonces, ¡aunque cueste creerlo¡ en lo que hoy es el ajardinamiento trasero de la actual Casa de Cultura, donde se han localizado sus restos.

os fieles cronistas narraron que Carlos V con su abultada comitiva, inició el día 6 de Octubre, por la mañana, el largo y penoso camino hacia su destino final, que realizó en 21 etapas, tras cinco meses de penoso peregrinar, recorriendo más de 90 leguas, hasta llegar a Yuste el 3 de Febrero de 1.557. Poco pudo disfrutar de su retiro en el Monasterio. Su quebrantada salud, después de continuos padecimientos, se extinguió, rodeado de sus más fieles servidores y de altos dignatarios de la Iglesia. Tras besar una vez más el Crucifijo, exclamó: ¡Jesús!, inclinó la cabeza, dio tres boqueadas y expiró. Eran las dos de la madrugada del 21 de Septiembre de 1.558. Contaba el ex - Emperador cincuenta y siete años de edad, y tan solo año y medio lo había pasado en Yuste.

Lamentablemente,  se han perdido los testimonios que de la llegada y estancia de Carlos V en Laredo, se conservaban en los archivos municipales.

Permítanme que les comente sobre este hecho:

Al finalizar la década de los años veinte del pasado siglo, D. Maximino Basoa Ojeda solicitó permiso al Alcalde de Laredo para consultar los archivos, que se encontraban en una estancia situada en la planta primera de la Casa Consistorial, ya que estaba escribiendo un libro sobre Laredo. El Sr. Basoa no era historiador, sino un apasionado de la historia de su pueblo y como Secretario del Juzgado de Primera Instancia de esta Villa, era una persona culta y muy bien preparada. La autorización le fue concedida de modo inmediato.

Penetrar en el archivo requería dosis de sacrificio. No estaba clasificado, y los legajos, libros, carpetas y documentos sueltos, se amontonaban por doquier. Además de desordenado, con escasa iluminación, carecía de limpieza, por lo que el polvo lo invadía todo. En esas condiciones, D. Maximino se introducía en el recinto cubierto con un guardapolvo y dotado de folios y pluma, fue examinando la documentación que tenía a la vista, y de ella tomó numerosos datos y antecedentes que le sirvieron para culminar su obra, que bajo el título de “Laredo en mi espejo” fue publicada  el año 1.932, a la que siguieron posteriores reediciones.

Recordaba el Sr. Basoa que al examinar los libros de actas plenarias, se encontró con uno denominado de licencias, que abarcaba los años 1.540 a 1.564. Sus ojos se iluminaron ante el hallazgo, porque ello iba a permitir conocer, al fin,  datos locales sobre el desembarco de Carlos V en 1.556 y su estancia en Laredo hasta emprender el camino hacia su destino postrero.

Cuando fue pasando las hojas del libro, su corazón le latía a ritmo acelerado. Al llegar a la fecha que buscaba, miró y lo que vio no lo pudo ni lo quiso creer…

Las diversas hojas del libro de licencias correspondientes al año 1.556, que según Basoa deberían contener las referencias de la llegada del ex – Emperador a Laredo, faltaban. Habían sido… ¡arrancadas!

Permaneció un tiempo en el archivo ante aquel libro el buen Don Maximino hasta aceptar la dolorosa realidad. Impulsivo como era, tomó su pluma estilográfica y escribió algo en el borde inferior de una de las páginas.

A continuación, con profunda tristeza, comunicó el hecho al Alcalde y le recomendó la conveniencia de reforzar la seguridad del riquísimo archivo histórico.

El Ayuntamiento de Laredo, años después, acordó trasladar ese archivo a la Diputación Provincial de Santander, además de por razones de seguridad, también y esencialmente para que fuese conservado, en calidad de depósito, para proceder a su estudio y clasificación.

Ese hecho se produjo concretamente el día 25 de Enero de 1.940, en el Ayuntamiento de Laredo, mediante acta firmada por el Presidente de la Diputación Provincial, el Alcalde de Laredo y médico Don Angel Senderos Cortázar, junto con los Tenientes de Alcalde y Concejales, el Presidente del Centro de Estudios Montañeses, así como de una nutrida asistencia de personalidades académicas y culturales de Santander.

Me contaban los antiguos funcionarios compañeros de trabajo, Don José María Linaje Goya y Don Ramón Arenas del Hoyo, ambos ya desaparecidos, que el archivo se trasladó a Santander, al día siguiente de la firma, en una camioneta cargada hasta los topes, quedando tan solo unos muy pocos libros desperdigados, que aparecieron después en distintas dependencias municipales.

Entre esos escasos libros que quedaron en el Ayuntamiento de Laredo, se hallaba el de licencias que pasó por las manos del Sr. Basoa, según he referido. Linaje me mostró varias veces aquel libro, que como Secretario en funciones, guardaba en un armario metálico, junto con otros libros y documentos de la época.

Con motivo de las obras que se realizaron en la Casa Consistorial a mediados de los años noventa, toda la documentación fue trasladada a la anteúltima planta del Mercado municipal, y en la última se instalaron también las dependencias y los funcionarios hasta la terminación de los trabajos, que duraron un año, para volver al viejo Ayuntamiento, ello sobre el año 1.994.

En el precipitado trasiego de documentación de un lugar a otro, se perdió la pista de aquel libro de licencias y de otros más.

Pasaron los años, y cuando el año 2.004 acudí a las plantas últimas del Mercado en busca de una determinada documentación reciente sobre la Entidad Estatal de Gestión S.G.V., en la caja archivadora que se suponía la contenía,  encontré, en su lugar … ¡el libro de licencias  de 1.540 a 1.564 referido por Basoa!, junto con otro más que abarcaba de 1.689 a 1.695, así como diversos documentos históricos de los años 1.659, 1.680, 1.686, 1.737, 1.780 y 1.818, además de las Ordenanzas del Ayuntamiento de Valmaseda del año 1.695.

Inmediatamente dí cuenta del hallazgo al entonces Alcalde D. Santos Fernández Revolvo,  quien convocó una rueda de prensa que se celebró el día 16 de Noviembre de 2.004, en la que acompañamos al Alcalde, a petición de éste, el Director del Archivo Histórico D. Baldomero Brígido, y un servidor.

La noticia apareció al día siguiente en los periódicos “El Diario Montañés” y “Alerta”, y fue difundida en Radio Laredo y otras emisoras regionales.

Toda esa documentación se encuentra depositada en el Archivo Histórico Municipal.

Ah, se me olvidaba! ¿Qué escribió Don Maximino Basoa al borde de página en aquel libro de licencias? ¿Quieren saberlo? Exactamente, lo que sigue:

¡Falta, ladrón!

R. de F.

(Artículo publicado en la revista “De Laredu, Lin”.)