La Puebla Vieja de Laredo: 50 años a examen

26 de diciembre de 2009

rufo de francisco marín laredo

Si se me pregunta cuándo comenzó a ponerse de moda la parte antigua de Laredo, creo que situaría su arranque a partir del año 1.960.

Antes resulta obligado recordar la figura de Don Enrique Mowinckel López, el hombre que, al inicio de la década de los años 30, creyó en las posibilidades que ofrecía nuestra Villa como lugar de veraneo, que potenció con la promoción y venta de solares municipales para la construcción de chalets frente a la playa, dando lugar a una colonia de veraneantes con carácter estable.

Después, desde mediados de los años cincuenta, Laredo ya venía recibiendo, en verano, la visita, además de compatriotas, de un número cada vez más elevado de súbditos franceses. ¡Eran los veraneantes! Por un lado la agencia de alquiler de Ramón Arenas del Hoyo, y por otro María Ugartevidea Arguiñarena junto con el francés Mr. Cortier, aquel señor de avanzada edad con su larga barba blanca, se encargaron de canalizar las demandas de alquiler de pisos, algunos en la parte antígua, y de otras zonas, a nacionales y galos, a lo largo de Julio y Agosto a partir de aquellos años.

El idioma francés se puso de moda, y en determinados establecimientos se anunciaba que se hablaba francés. Hubo un señor, D. Jesús González Gómez, conocido cariñosa y popularmente como “Falange”, que se desenvolvía muy bien en aquel idioma y que con frecuencia le llamaban unos y otros como traductor. Para ser más fácilmente identificado, usaba un jersey blanco, con el texto On parle français bordado en azul a la altura del pecho.

A trancas y barrancas, una buena parte de comerciantes y de vecinos aprendió el vocabulario imprescindible para entenderse con los veraneantes galos.

La parte antigua de Laredo (entonces no se hablaba de “la Puebla Vieja”, cuya denominación llegaría una década después), contaba en 1.960 con un considerable número de bares.

En el mes de Agosto del mismo año 1.960, siendo Alcalde D. Tomás de la Dehesa Blanco, se produjo el rodaje en Laredo de una buena parte de la película “El Coloso de Rodas”, coproducción italo-franco-española, dirigida por Sergio Leone.

El cuartel general de la productora se instaló en el Colegio “Miguel Primo de Rivera” y se pagaban ¡cien pesetas! por jornada de rodaje. Esa era una cantidad respetable entonces, y lo prueba que fueron muchos los laredanos que esperaban cola en la parte exterior del cerramiento. Para asegurarse el puesto, aprovechando la bonanza climatológica de aquel mes, una gran cantidad de hombres, mujeres y jóvenes, después de cenar, se sentaban junto a la cerca del Colegio, provistos de una manta, y muchos, además, de una botella de tinto o de coñac, y entre chistes, comentarios, jolgorio, cabezadas de sueño, y sueño profundo después, pasaban la noche al raso, para a la mañana siguiente formar la primera cola que iba penetrando en el Colegio, donde se les entregaba una tarjeta, que debían devolver al final de la jornada para percibir su salario, y se les ataviaba y maquillaba con los ropajes de época en las escenas a rodar cada día.

El ambiente veraniego se incrementó notablemente: en Julio, con los trabajos de la productora alargando el muro Sur de nuestro puerto, con andamiajes metálicos recubiertos al exterior de planchas de madera y escayola, ello para acercar más ese muro a la rotonda del muro Norte, luego la erección sobre los extremos de esos dos puntos, de los dos gigantescos pies del coloso, hasta la altura de la pantorrilla, después la transformación de las bodegas o almacenes del puerto, con remates que asemejaban a las edificaciones de la antigua Rodas, para finalmente, dar paso a los decoradores, quienes imitaron perfectamente los sillares del falso muelle y, sobre todo, consiguieron dotar de una apariencia de bronce viejo a los inmensos pies, tan auténtica, que había que tocar con los nudillos la superficie, para cerciorarse con el tac-tac sonando a hueco, que “no era bronce todo lo que relucía”.

Y en Agosto, con la llegada del equipo de rodaje, de los actores principales y secundarios y de los especialistas que “doblaban” a las figuras y ejecutaban las escenas más peligrosas, para culminar con el arriesgado salto de Chinchilla, un magnífico extra, desde el “puente” que unía las pantorrillas del coloso, hasta el agua, hecho que fue contemplado por medio Laredo aquella soleada tarde.

Por la tarde-noche, con las cien pesetas aún calientes en los bolsillos de los jóvenes participantes laredanos en el rodaje, con la colonia veraniega francesa, más numerosa entonces que la española, ello coincidente con una ola de crecimiento económico que recorrió Europa de Norte a Sur hasta los Pirineos, y que posteriormente llegó a nuestra nación, se puso definitivamente de moda la parte antigua de Laredo, en especial, su Calle Ruamayor. Numerosos bares sacaban al exterior sus respectivos asadores de sardinas y el ambiente se caldeaba. Las tortillas del Miguelón se consideraban de las mejores. El “Somera”, por ejemplo, a una determinada hora de la noche, iniciaba la escenificación de una ronda radiofónica a cargo del inolvidable Alejandro Oruña Zorrilla, con llamadas al mismo Kremlin y a la Casa Blanca, así como a altos dignatarios de realce internacional. Nunca falló el enlace a través de las ondas, lo que parecía increíble, dado que el micrófono inalámbrico lo constituía ¡el cucharón de madera del tarro de las aceitunas!

Ese ambiente en la zona fue consolidándose a lo largo del tiempo, ya no solo en época estival, sino a lo largo del año, extendiéndose al resto de bares y restaurantes del casco antiguo.

De 1.961 a 1.964 fue nombrado Alcalde D. José Revilla Camino, a quien sucedió D. Antonio Fernández Enríquez (1.964-1.974).

A instancia de la Corporación presidida por el Sr. Fernández Enríquez, el Ministerio de Educación y Ciencia, mediante Decreto núm. 3667, de 3 de Diciembre de 1.970 (se acaban de cumplir, por tanto, treinta y nueve años en el presente mes), declaró Conjunto Histórico-Artístico la parte antigua de la Villa de Laredo, con lo que aquella zona comenzó a conocerse y denominarse, tanto popularmente como de modo oficial, como la Puebla Vieja.

En el preámbulo del Decreto se dice que “... se hace necesario proteger esos valores de tan singular importancia, agrupados en la parte antigua de Laredo, mediante la oportuna declaración que determine su inclusión en el Catálogo de Monumentos de carácter nacional”.

Y en su parte dispositiva, en su Artículo primero se señalan sus lindes: “... el espacio comprendido entre la iglesia parroquial de La Asunción, al Norte, y el convento de San Francisco, al Sur, y desde la Casa de Hernando de Alvarado, al Este, hasta el Ayuntamiento, al Oeste”.

El Artículo segundo –y último- establece: “La tutela de este Conjunto, que queda bajo la protección del Estado, será ejercida a través de la Dirección General de Bellas Artes, por el Ministerio de Educación y Ciencia, el cual queda facultado para dictar cuantas disposiciones sean necesarias para el mejor desarrollo y ejecución del presente Decreto”.

Plano de la Puebla Vieja de Laredo
Plano de la Puebla Vieja de Laredo. Haz clic en la imagen para ampliar. Buscador

A esas alturas de la década de los 70, el veraneo se había transformado en turismo, como movimiento elevado de masas que se desplazaban principalmente a las playas que se iban poniendo de moda en el litoral hispano.

El “boom” turístico transformó el Ensanche de Laredo, y así, los 500.000 m2. de terreno que en los años 40 había adquirido a nuestro Ayuntamiento la sociedad “CUELSA” (Compañía Urbanizadora del Ensanche de Laredo), que posteriormente transmitió a “Bilbaína de Edificación, S.A.”, divididos en lotes de 10.000 m2., fueron vendidos a promotores, que construyeron masivamente sobre los mismos. Cuando se aprobó el primer Plan General de Ordenación Urbana de Laredo, el 4 de Septiembre de 1.967, una buena parte de la masificación urbanística con su desorden incluido, ya se había producido. A la vista de tantos rascacielos, se decía entonces que “el Ensanche parece de cerca un Manhattan de lejos”.

Fueron tantos los súbditos franceses que adquirieron apartamentos en Laredo, primero en la Torre del castillo, y después en El Ensanche, en inmuebles como “Orleáns”, “Richelieu”, “Bijou Basque”, etc., que casi había que tomar con seriedad el chiste que circulaba, de un francés que al llegar a Laredo preguntaba: ¿Qué ciudad de Francia es ésta donde hay tantos españoles?

Durante el mandato del siguiente Alcalde, D. Guillermo Setién Ron (1.974-1.978), se pavimentó con adoquines y losas de granito, toda la Puebla Vieja, trabajos que dirigió el Arquitecto entonces municipal D. Miguel Angel Montes Fernández, autor del proyecto.

Tras el cese voluntario como Alcalde del Sr. Setién Ron, le sucedió en el cargo Don Santos Marino Linaje, quien permaneció tan solo un año, hasta 1.979, en que tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas.

Aquí se cierra el período de medio siglo que recogen estos recuerdos.

La pregunta obligada es: ¿Cómo se encuentra la Puebla Vieja de Laredo al día de hoy?

Este conjunto. que contiene un interesantísimo patrimonio histórico en iglesias, ermitas, casonas, casas-torre, portalones, escudos nobiliarios, plazas, rúas trazadas a cuadrícula, lienzos de murallas, etc., patrimonio sobradamente conocido pero nunca valorado como se merece, ha sido sistemáticamente si no ignorado, sí descuidado a lo largo de las sucesivas corporaciones municipales que han regido la Villa a lo largo de los años, y esencialmente a partir de su declaración como Conjunto Histórico-Artístico.

A mediados de la década de los 80, el Ayuntamiento permitió la instalación de disco-bares en la Puebla Vieja. Antiguas bodegas y lonjas fueron transformadas para desarrollar aquellas actividades, alterándose sensiblemente el ambiente nocturno, que se prolongaba a partir de entonces hasta altas horas, creando tensiones entre el vecindario, por el alto volumen de ruido, consecuencia de una muy elemental insonorización en algunos casos, ya posteriormente corregidas en otros. Esta circunstancia hizo que muchos jóvenes, nacidos y criados en la Puebla Vieja, prefiriesen mudarse a vivir a otras zonas, permaneciendo tan solo sus ascendientes –padres, abuelos, etc.- en la ciudadela antigua.

Al día de hoy resulta penoso contemplar el número de inmuebles que se han venido abajo, con los solares resultantes abandonados, y otras casas a medio derruir, ofreciendo un aspecto lamentable. Naturalmente hay que reiterar que ese abandono no se puede atribuir a una sola Corporación, sino a las diversas que se han venido sucediendo desde su declaración como Conjunto Histórico-Artístico, hasta la fecha.

Justo es reconocer que fue un acierto la creación, en tiempos más recientes –a partir de 1.997-, de una Oficina Municipal de Apoyo a la Puebla Vieja, que ayuda a constituir comunidades de vecinos y canaliza la petición de subvenciones que concede el Ayuntamiento para tres esenciales actuaciones en los inmuebles, como son: tejados, fachadas y portales.

Gracias a esas ayudas, incrementadas en su cuantía por la actual Corporación, numerosos inmuebles han sido mejorados notablemente en sus estructuras y en su aspecto externo y ello es digno de destacar y elogiar.

Pero, ¡es tanto lo que aún queda por hacer! Ya se sabe que las negociaciones entre Ayuntamiento y titulares de derechos sobre los solares resultantes de derrumbes, son largas y difíciles. Casa titular o sus herederos, en muchos casos con una deficiente titulación de propiedad, a la hora de negociar hacen demandas exageradas, fuera de razón y solicitan, en compensación a sus derechos, “dinero y vivienda”. Si se piensa en un inmueble que estuvo compuesto, por ejemplo, por dos locales y seis viviendas, si cada uno de los condueños solicita indemnización económica y además una vivienda en la obra nueva resultante, se comprenderá que ello resulta imposible de aceptar. El servicio jurídico municipal está realizando una importante labor en esa materia.

Pero hay solares como el de las “casas de los hierros”, en el Paseo Menéndez Pelayo, así como también en ambas márgenes, en especial en la izquierda, de la Calle Ruayusera, en Revellón, Ruamayor, Medio y San Marcial, que llevan algunos de ellos muchos años en esa situación. Además, existen otros lugares en los que hay inmuebles derruidos en parte, conservándose únicamente su fachada frontal en planta baja orientada a la calle.

Otro impacto visual muy negativo, además de los tendidos de macizos de cables de energía eléctrica y de teléfonos a través de las fachadas, y de rótulos anunciadores que incumplen la normativa vigente, es la proliferación de puertas de acceso a antiguas bodegas o locales, en un estado de abandono absoluto, rotos sus tablones viéndose a su través los derrumbes internos, cerradas con gruesas cadenas y candados, cubiertas de óxido, en prácticamente todas las calles que conforman el conjunto histórico, situadas algunas a pocos metros de la Plaza de la Constitución, justamente desde donde comienzan las visitas, guiadas o no, de turistas que a lo largo del año, pero de modo especial durante la época estival, recorren por miles –no exageramos- nuestra Puebla Vieja.

En todo caso, y aún con ciertas reservas, todos queremos y deseamos creer, sinceramente, que la actual Corporación Municipal, con su equipo de gobierno a la cabeza, acometerá con decisión y energía, pero en especial con prontitud y celeridad, las acciones que vayan encaminadas a promover la construcción sobre los solares que ha ido adquiriendo, de viviendas, de protección o libres, con las características y calidades requeridas para cada caso, con tratamientos en fachadas externas respetuosas con el entorno, eludiendo en lo posible esos recubrimientos artificiales con imitación a piedra, en zócalos y en el recerco de huecos, tan de moda, etc., evitando repeticiones o “clonaciones” de fachadas y acabados en enclaves distintos, y actuando los Arquitectos a quienes se encarguen los proyectos, como sin duda harán, con toda su creatividad y buen hacer técnico y estético.

Hay que recordar que existen, aprobadas hace años, unas Ordenanzas Municipales de la Puebla Vieja. ¡Es cuestión –y voluntad política- de hacerlas cumplir!

Volviendo a las puertas rotas: ¿Por qué no se compromete la Corporación, voluntariamente, a ordenar su desaparición a lo largo de los meses siguientes, para que llegado el verano de 2.010 podamos celebrar todos, absolutamente: ediles, laredanos y visitantes, una visión de la Puebla Vieja libre de esos puntos negros que tanto la perjudican y afean estéticamente?

Nuestro Conjunto Histórico-Artístico, nuestra querida y sentida Puebla Vieja, además de los máximos respetos, se merece todo lo mejor, mimo, cuidado y nuestra más alta consideración.

Por último, no olvidemos que desde el Fuero concedido a Laredo por Alfonso VIII aquel lejano 1.200, ¡809 años cuajados de densa historia, nos contemplan y hasta sus rúas, plazas y casonas parece que nos reprochan con su acongojado silencio nuestra escasa preocupación por el propio origen de Laredo, como es su Puebla Vieja!

R. de F.