El viejo puerto de Laredo

9 de septiembre de 2006

rufo de francisco marín laredo

Desde el pasado año 2.006 continúan, a ritmo frenético, las obras de construcción del nuevo Puerto Pesquero-Recreativo-Deportivo de Laredo. Si los plazos de ejecución se cumplen, este proyecto será una realidad en un plazo de veintidós meses. Algo impensable años atrás, pero los avances tecnológicos hacen posible que una obra, siempre de gran complejidad como es un puerto marítimo, pueda construirse en un período tan breve de tiempo.

Hemos crecido conviviendo con el actual puerto y su entorno. Todo nos era familiar: sus muelles, rampas, escalas, bodegas, tendederos de redes, cofradía de pescadores, la celebración de las fiestas patronales y marítimas con sus cucañas y patos al agua, las abundantes costeras de pesca con aquella actividad, breve pero intensa, de transporte de lo capturado, inmediatamente después de su subasta en la lonja, por medio de carros o “mesetas” arrastradas por caballos, hasta las fábricas de conservas de la Villa. El puerto, “el muelle”, no tenía secretos para nosotros, porque estábamos integrados en él, casi como los sillares que conforman sus viejos muros.

A partir de ahora, a medida que avanzan los trabajos, comenzará a desaparecer la visión del puerto, que ya solo quedará grabada en nuestro cerebro, que no en nuestras retinas, las cuales van viendo la transformación que se lleva a cabo día a día. Habrá cambiado tanto la configuración actual, que supondrá, al menos temporalmente, un choque entre el recuerdo y la realidad, porque, de repente, el “hoy” del actual puerto pesquero de Laredo pasará a convertirse en el definitivo “ayer”. Y cuando, por deseo o nostalgia, queramos revivir aquellos escenarios, ya no tendremos más remedio que recurrir a la imagen grabada, es decir, a la fotografía sobre papel o expuesta en la pantalla del ordenador.

Antes de que desaparezcan del todo los vestigios del puerto que conocieron generaciones de laredanos y visitantes, no estaría de más ofrecer unas pinceladas históricas sobre nuestros viejos muelles.

Laredo, desde su misma existencia, siempre tuvo problemas con sus puertos. La situación y orientación de su extensa playa, unida a las mareas, corrientes y vientos dominantes, han hecho que tras cada larga y costosa construcción de un puerto, muro o cai, la invasión constante de arenas terminasen por inutilizar su calado y hacer inviables las obras, tiempo después. Vamos a recordarlo:

I

La llamada “antigua dársena” fue la más duradera y consistía en dos espigones de diferente extensión: el más corto partía de la fortificación de La Taleta, emplazada ésta sobre una minúscula península rocosa, aproximadamente donde hoy se emplaza el edificio situado en el inicio de la margen izquierda de la Calle López Seña, esquina al primer tramo de la Calle Doctor Velasco. Este tramo corto de espigón continuaba arrimado ya al lado izquierdo del segundo tramo de la misma Calle Dr. Velasco, invadiendo ligeramente el solar sobre el que se ubica hoy la Casa de Cultura “Dr. Velasco”, para terminar en la esquina Norte-Este de esta finca.

El otro espigón, el más largo, de la misma dársena, se iniciaba frente al lugar donde acababa el tramo corto, formando el espacio entre ambos su bocana o bocal de entrada y salida de las embarcaciones. Esta bocana quedó posteriormente dentro de la zona ajardinada de la actual Casa de Cultura, en la parte posterior de la misma, junto a su acceso desde la Calle Eguilior, y continuaba, en oblicuo, en dirección a la Atalaya.

Detalle del puerto en una vista de Laredo del pintor Paul Ratier
Detalle del puerto en una vista de Laredo del pintor Paul Ratier. Obsérvese la antigua dársena adyacente al muro sur del actual puerto de 1.884.

Para situar con mayor precisión el trazado de aquella dársena, se dispone de pintura, fotografía y planos, por este orden: En la litografía de la panorámica de Laredo, de D. Paul Ratier, del año 1.884, aparece el espigón largo de la dársena, ya fuera de servicio, al haberse construído el actual puerto.

Puerto de Laredo, finales del siglo XIX
Haz clic en la imagen para ampliar.

En una fotografía de finales del Siglo XIX aparecen la antígua dársena, con su bocal de entrada, así como el actual puerto. Por último, tanto el plano de 1.907 de D. Pedro Salviejo, Maestro de Obras del Ayuntamiento de Laredo, como el plano del Arquitecto D. Joaquín de Rucoba, de 1.908, son coincidentes, y en ellos se aprecia que la entrada a esta dársena se situaba en el ajardinamiento de la Casa de Cultura.

Se acompaña a este escrito el plano de D. Pedro Salviejo, donde aparecen nítidamente dibujados ambos espigones, plano que facilita grandemente su ubicación al día de hoy.

Croquis de Pedro Salviejo, de 1.907.
Detalle del croquis del Maestro de Obras Pedro Salviejo, de 1.907, con los restos de la bocana de la "antígua dársena", coincidentes bajo el actual jardín trasero de la Casa de Cultura, en la Calle Eguilior. Haz clic en la imagen para ampliar.

Precisamente los dos planos citados sirvieron de base para que la Asociación Cultural “Amigos del Patrimonio de Laredo” propusiese al Ayuntamiento de Laredo, la apertura de unas “catas”, en la trasera de la Casa de Cultura, para ver de localizar los vestigios de la antígua dársena. El Presidente de la Comisión de Cultura del municipio, D. Pedro Hoyo, acogió con agrado la idea, y puso a disposición el personal y maquinaria excavadora necesarios para su localización. Los trabajos fueron dirigidos por D. Pedro Rasines, Arqueólogo, Doctor en Geografía e Historia. En la misma tarde de iniciados los trabajos, el día 3 de Julio último, aparecieron, junto a la puerta del jardín orientada a la Calle Eguilior, a una profundidad de unos 2 metros, los sillares de base del espigón más largo (el que continuaba hasta la Atalaya).

Ahora se está a la espera de la solución que adopten el Ayuntamiento de Laredo y la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria, para determinar qué solución más acertada se dá a ese descubrimiento.

Como quiera que en estas fechas, precisamente, se está procediendo a la apertura del primer tramo de la Calle Doctor Velasco, para dotarla de nuevas canalizaciones, había expectación, ya que se pensaba que podían aparecer testimonios más abundantes del trazado del espigón corto (el que se iniciaba en La Taleta y terminaba en la actual Casa de Cultura). No ha sido así, y la razón no puede ser otra que la que ya adelantaron, en su tiempo, D. Antonio Bravo y Tudela en su obra “Recuerdos de la Villa de Laredo”, del año 1.873, así como D. Maximino Basoa Ojeda en “Laredo en mi espejo”, 1.932 y ediciones posteriores, como fue:

Que por razón de pura y elemental economía, al realizarse los trabajos del fallido “Puerto de la Soledad”, (al que se refiere el siguiente apartado II), a cargo del pueblo de Laredo, se desmontaron los sillares de la vieja dársena, ya del todo inútiles, y fueron aprovechados en la construcción de aquel puerto.

En ambos libros se dice que en los presupuestos que se elaboraron, se determinaba que si se aprovechaban las piedras de la antígua dársena, el precio de aquellos se reducía a la mitad.

Ese parece ser el fundamento de que en la apertura del segundo tramo de la calle Dr. Velasco, paralelo a la Casa de Cultra, no hayan aparecido, en contra de lo que se esperaba, los restos del tramo más corto de la antígua dársena laredana.

II

Al quedar también, inservible aquella dársena, los laredanos, emprendieron, casi a la desesperada, la construcción del puerto de la Soledad, al Norte de la Atalaya, para lo cual tuvieron que taladrar ésta mediante un túnel, de 130 metros de longitud. Tanto el túnel como el puerto, costeados por el pueblo de Laredo, fueron terminados el año 1.863 empleándose en este puerto, como antes se ha dicho, por razón de economía, los bloques y sillares de la antígua dársena. Poco duró este otro muelle. Bastó un serie de continuados temporales, culminando con uno de gran intensidad, para destruir numerosos barcos y causar tan graves daños en el propio puerto, que ya nunca volvió a ser utilizado.

III

Por último, en 1.873 se aprobó el nuevo puerto, que es el actual, formado por el muro Sur y por otro muro de mayor longitud y dimensiones, el muro Norte, que se inicia en el Canto, arrimado a los pies de la Atalaya, y avanza en dirección Oeste. También en este caso volvieron a reutilizarse las piedras y sillares que de la antígua dársena se aprovecharon en el Puerto de la Soledad. Este nuevo puerto fue terminado el año 1.884.

Faltaba aún por ampliar este muro Norte con un espigón de 150 metros de longitud, en dirección Norte-Oeste, que se inició en 1.929 durante la Dictadura de Don Miguel Primo de Rivera y que fue ultimado en los primeros años de la II República, bajo la dirección técnica del Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, Don Antonio Garelly de la Cámara, a cuyo competente Ingeniero, que también llevó la dirección de otros puertos desde Cantabria a Galicia, la Villa de Laredo le dedicó una de sus calles.

Ojalá que el nuevo Puerto Pesquero-Recreativo-Deportivo (esa es su denominación oficial) traiga a Laredo las expectativas de progreso, crecimiento, riqueza y bienestar que se vaticinan. ¡Ojalá!. Que los cálculos de éxito se cumplan. Ello será bueno para esta Villa y sus gentes.

En todo caso, apresurémonos a captar, en negativos fotográficos o en soportes informáticos y digitales las últimas escenas que nos será dado conservar, de nuestro viejo y querido Puerto de Laredo.

R. de F.

(Artículo publicado originalmente en el número 1 de la revista “CANTABRIA Turística y Gastronómica” y actualizado el 8 de noviembre de 2007.)