25 de junio de 2006
rufo de francisco marín laredo
I
El año 2.000, una familia de Laredo, en Cantabria, dio comienzo a las obras de rehabilitación de un inmueble situado en la calle Ruamayor, dentro del Conjunto Histórico Artístico de la Villa de Laredo, conocido como “Puebla Vieja”, de dicha Villa.
Casi al final de los trabajos, se procedió a la limpieza de un alargado y estrecho patio propio, situado a la trasera de la finca, quedando al descubierto el suelo, formado por losas de piedra muy bien dispuestas y conservadas.
El arquitecto autor y director del proyecto, D. Miguel Angel Montes, adelantó que esas losas cubrían un antiguo alcantarillado. Por razón de las obras, hubo que elevar el nivel del patio, para lo cual se rellenó con cascote limpio y se cubrió con una capa niveladora de cemento. De esta forma, quedaron las losas “in situ” intactas y protegidas. Finalmente, fueron revocadas las piedras sueltas y consolidados los muros que delimitan el patio.
De todo el proceso de rehabilitación de la finca y su patio, se obtuvo un amplio “dossier” fotográfico por parte de los propietarios.
En Mayo de 2.002 se terminaron las obras de restauración de la finca, cuya acertada rehabilitación fue elogiada por el vecindario y por las autoridades locales. Dotada de un gran mirador acristalado, esa finca es nombrada por sus propietarios como “Ruamayor, 20”.

II
Llevaban los dueños ya un año habitando el inmueble cuando, en Agosto de 2.003 encontraron en el libro “Historia de Laredo“, una reproducción de un dibujo del año 1.701 procedente del Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, en el que aparecían varias casas de la calle Ruamayor, entre ellas, la de su propiedad.
Puestos al habla con la dirección del Archivo de Valladolid, se enteraron de que ese dibujo y un plano de la misma finca, formaban parte de un pleito iniciado en Laredo el año 1.696 y culminado en la Corte Real de Valladolid el año 1.709. Se solicitó y obtuvo de aquel Archivo una copia del pleito, que tuvo que ser microfilmada y ampliada, compuesta de 605 folios, así como ampliaciones fotográficas del dibujo y del plano indicados. (Ver la reproducción del dibujo de 1.701, aneja, para seguir con más facilidad este texto).

Hasta ahora se han transcrito casi 200 folios, y aunque ha de llevar aún largo tiempo su culminación, dada la dificultad de la lectura de tan abultado material, su ilegibilidad en distintas caligrafías, profusión de abreviaturas y rasgos, borrones, etc., sin embargo con lo ya transcrito se ha podido determinar que:
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De las tres casas juntas de la calle Ruamayor que aparecen en el dibujo de 1.701, cada una con su letra, la de la izquierda, letra B, correspondió a Francisco de Santander Marroquín, cura de la Parroquia de Santa María, quien vivía con su hermano D. Juan Antonio; la siguiente, letra C, a María Santos de Vía; y la tercera y última, letra también C, a los herederos de Diego de la Hedilla.
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El pleito fue entablado por Don Francisco de Santander contra Don Antonio de Sisniega Pedredo y Salazar, propietario éste de las casas que en el dibujo abarcan toda la margen derecha del primer tramo de la calle San Martín, letras A y G, así como una huerta, letra E, situada entre las casas del Sr. Sisniega y la del Sr. Santander.
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El origen de ese pleito fue por causa de una ventana que el Sr. Sisniega abrió, sin permiso, en un tramo de muro de su huerta, colindante con un albañal o alcantarillado, que discurría a la trasera de las dos primeras casas colindantes (la de Santander y la de Santos), por cuya ventana, letra K, vertía Sisniega las “aguas menores y de cocina” al albañal, letra L, originando insufribles molestias.
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D. Antonio de Sisniega fue una persona de gran poder e influencia: “Regidor Perpetuo de la Villa”, -fue Regidor, es decir, Concejal, Perpetuo por ser descendiente de familias fundadoras de Laredo-, “Contador de las Rentas Reales de las Quatro Villas de la Costa de la Mar” (Santander, Laredo, Castro-Urdiales y San Vicente de la Barquera), así como “Superintendente de las Reales Fábricas de Artillería de Liérganes”.
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Su amistad con el Teniente del Corregidor de las Cuatro Villas fue determinante para imponer éste una sentencia tremendamente dura, y lo que es peor, absolutamente injusta, al demandante Don Francisco de Santander, en el pleito iniciado en 1.696, condenándole, en 1.701, a seguir permitiendo que por la ventana abierta por el Sr. Sisniega al albañal para uso de la casa del cura y de la otra casa colindante, pudiesen Don Antonio de Sisniega, su familia y servidumbre, seguir vertiendo las aguas negras, con los daños, molestias, olores e insalubridad que ello originaba, y, lo que es más grave, imponiendo al clérigo, además, la obligación de “guardar perpétuo silencio”.
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El mismo demandante Don Francisco de Santander Marroquín recurrió, desde el inicio, a la Real Chancillería de Valladolid, y el pleito se prolongó varios años más.
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En Febrero de 1.706 falleció Don Antonio de Sisniega, a los 56 años de edad, siendo enterrado “con honra mayor” en la iglesia del Convento de San Francisco, de Laredo. Dejó esposa y tres hijos menores de edad.
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En 1.709, su ex -viuda, Doña Josefa de Careaga Helguero, vuelta a casar el año 1.708 en segundas nupcias, aunque pidió la conclusión del pleito, el Tribunal de la Real Chancillería dictaminó finalmente “no poderse verter por la ventana”, que fue la causa de la querella. La Justicia, al fin, dio la razón a Don Francisco de Santander. Fin del litigio.
Tanto el dibujo como el plano de 1.701 incorporados al pleito, contienen numerosos datos, como medidas, distancias y superficies, expresados en pies castellanos, así como nombres de calles o de edificios colindantes, de modo tal que los Jueces de la Corte Real, entonces en Valladolid, desde la distancia, pudieron tener una visión muy completa de las fincas objeto del pleito.
Gracias a ambos documentos y a las medidas acotadas en pies que figuran en el plano, se ha comprobado con total certeza, que a la casa de Ruamayor que fue de Francisco de Santander, le fue posteriormente añadida la contigua, situada a su derecha, entrando, y de menor tamaño, que fue de María Santos de Vía.
Resulta evidente que se demolió la fachada principal de esta última, que constaba de dos puertas (una de ellas de medio punto), dejando una sola, centrada, en dintel, se anularon dos ventanas pequeñas del desván, para igualarla en altura a la de Santander, y se creó en la planta primera, otro patio, éste a la altura del piso primero.
III
Una vez conocida la historia del inmueble (como se dice, a partir de Agosto de 2.003, cuando la casa ya estaba habitada), se procedió a examinar todas y cada una de las fotografías obtenidas en las distintas fases de la obra en general, resultando que:
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Efectivamente las losas encontradas en lo que hoy es el patio trasero, corresponden al antiguo albañal ó alcantarillado.
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En cuanto a la ventana abierta al albañal, que dio origen al largo y sin duda costoso pleito, en una de las fotografías del patio, en la parte que separa del edificio actualmente existente sobre la finca que fue del Sr. Sisniega, se observa claramente la existencia de dicha ventana, cuadrangular, obturada por una piedra que encaja en sus cuatro lados, situada aquella ventana, exactamente, en el lugar y a la altura del suelo que señala el dibujo de 1.701, ello en cumplimiento de la sentencia definitiva de la Corte Real de la Chancillería de Valladolid, equivalente al Tribunal Supremo. Esa ventana está perfectamente localizada para una eventual e hipotética visualización y confirmación del hecho.
IV
Los propietarios de “Ruamayor, 20“, alentados por tales antecedentes, continuaron investigando los orígenes de la finca, con anterioridad al pleito, y después de estudiar cuanta documentación han podido consultar, resulta que:
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La casa (que en el dibujo y plano de 1.701 era entonces de Don Francisco de Santander), anteriormente perteneció a Don Lope García de Salazar La Obra, y a su fallecimiento pasó por herencia a su hija Doña Catalina de Salazar, la cual la vendió, el año 1.534, a Don Pedro González de Escalante.
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La familia La Obra (recordemos que fue una de las cuatro familias fundadoras de Laredo), cuyo lema nobiliario era: “La Obra lo dirá” (algo así como “por mis obras me conoceréis”), tuvo otras casas de su Mayorazgo, a ambos lados de la calle Ruamayor, algunas de las cuales, junto con las de otras familias, se quemaron en el incendio de 1.581.
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Durante las obras de rehabilitación se observaron evidentes señales de incendio, dado el ennegrecimiento que presentaban las piedras de los muros en la planta baja, lo que hace suponer que después de dicho incendio, aprovechando esos muros de carga se reconstruyeron dos viviendas que posteriormente fueron unidas y que constituyen la actual finca de Ruamayor num. 20, de Laredo.
Como se ve, esa casa ya existía con anterioridad al año 1.534 (ya que ese es el año en que fue vendida), es decir, que esa transmisión de dominio tuvo lugar 22 años antes de que el Ex - Emperador Carlos V desembarcase en Laredo, en 1.556, con destino de Yuste.
V
Finalmente, añadir que los titulares de la finca “Ruamayor, 20”, son la familia laredana De Francisco, la cual continúa investigando sobre más antecedentes. Uno de sus miembros, respecto a las obras de rehabilitación, confiesa:
”Creemos que se ha cumplido el lema de la familia La Obra, cuando proclamaba, en futuro, ‘La Obra lo dirá’, por lo que después de la rehabilitación de la que fue su casa, el espíritu de ese lema, en presente, podía ser: ‘La obra lo ha dicho y hecho’, mostrando así su conformidad con los trabajos ejecutados. Y añade: y si a la familia La Obra pensamos que le hubieran agradado, ¡a la familia De Francisco, también.
R. de F.