19 de noviembre de 2004
rufo de francisco marín laredo
Queridos Alcalde y Concejales,
queridos compañeros, querida familia, queridos amigos:
Agradezco sinceramente el anuncio que acaba de hacer nuestro Alcalde, dando
cuenta de la propuesta del Dr. Vazquez de Quevedo, Presidente de Honor de la
Academia de Ciencias Médicas de Cantabria, de que mi persona sea declarada
Cronista Oficial de Laredo.
El hecho de que el propio Alcalde vaya a apoyar esa propuesta ante la
Corporación, humildemente me llena de satisfacción. Pero que sea la Corporación
laredana la que libremente adopte la decisión que estime.
Por si las emociones nublan en algun momento mi mente, he trasladado unas
reflexiones al papel, reflexiones que, en respeto a todos, han de ser
necesariamente breves. ¡de cuatro minutos tan solo! ¡cuatro!

Todo llega en la vida. Y la jubilación de cada uno, también. La mía ha llegado. Mejor dicho, llega mañana, día 20, en que cumplo mi mayoría de edad... de edad laboral. Pero éste, y no mañana es el día, ¡mi día!, porque estoy aquí, entre vosotros, en este acto de despedida que habeis tenido la gentileza y generosidad de organizar.
Qué deciros. Después de años de servicio ininterrumpido en el Ayuntamiento de Laredo, he sido testigo de la historia de nuestro pueblo durante.... ¡durante casi medio siglo! Exactamente 45 años. Desde el año 1.959, he trabajado con los siguientes Alcaldes:
Tomás Dehesa Blanco (1959-1961)
José Revilla Camino (1961-1964)
Antonio Fernández Enríquez (1964-1974)
Guillermo Setién Ron (1974-1978)
Santos Marino Linaje (1978-1979)
José Revilla, en su segundo mandato (1979-1983)
Juan Ramón López Revuelta (1983-1994)
Angel Agüero Hoyo (1994-1995)
Fernando Portero Alonso (1995-2003)
Y desde el 2003, con Santos Fernández Revolvo.
He visto, a lo largo de los años, cómo Laredo se fue transformando del pequeño
pueblo pesquero que siempre fue, en una moderna Villa, en una ciudad de
servicios, cabecera de comarca, que al día de hoy constituye uno de los núcleos
turísticos más importantes del Norte de España.
Soy de Laredo, como vosotros, y como tal, siento a Laredo y la quiero, por lo
menos, tanto como vosotros.
Por eso, queridos compañeros, me vais a permitir que al final de mi vida laboral,
os recuerde, como yo me lo he recordado cada día, por encima de mis limitaciones,
que teneis la gran responsabilidad de trabajar para los vecinos y conciudadanos
de nuestro pueblo. ¡Qué bonita tarea! Y quien no lo vea asi, necesita gafas. Las
gafas correctoras que dá la vida, que dan la experiencia y los años, en forma de
comprensión, amabilidad, regusto por el trabajo bien hecho, y ayuda a quien más
lo necesita, por ejemplo, a la persona que llega desorientada y que no sabe
expresar adecuadamente lo que desea. Volcaos hacia esas personas sencillas,
humildes, ayudadlas pacientemente, y veréis que una vez lo hayais hecho así, os
sentiréis mejor para con vosotros mismos, porque algo sí que he experimentado: ¡Que
quien dá, recibe! Es decir, si ayudas a una persona, la informas, aconsejas y
orientas, con cariño y comprensión, su mirada, la expresión de gratitud en su
rostro, hacen que te sientas bien, te sientas mejor, te sientas realizado un
poco más. Todo lo anterior es igualmente válido para cualquier otro cometido de
obras y servicios municipales que se hagan a la comunidad, desde la reposición
de una baldosa, hasta el recorte del césped, pasando por un tendido eléctrico,
reparando un banco, desatascando un imbornal, en el servicio de limpieza o
regulando el tráfico y cuidando el orden público.
Llegué por primera vez a mi trabajo, un día que recuerdo claro y luminoso, un 2
de Mayo de 1.959, y lo hice con un equipaje bien liviano. Y al día de hoy, en el
que ya no peino más que años, me voy rico, sí, pero en experiencia, aunque
manteniendo mi equipaje tan leve como cuando llegué, como son las llaves de
acceso a mi lugar de trabajo en el Ayuntamiento de Laredo, en el que he
trabajado, con mucha honra. Devuelvo aquí al Alcalde esas llaves, que
representan 45 años de trabajo, esfuerzo y rutina, pero también de ilusión y
experiencias acumuladas. ¡Alcalde, entrego esas llaves!.
Deseo sinceramente éxito en su importante labor, a quien me ha de sustituir a
partir de ahora, el amigo y compañero Jesús María Basurco. Sé que sabrá estar a
la altura que un puesto tan importante, como es la Secretaría de la Alcaldía,
exigen en responsabilidad, seriedad, honradez e integridad sin tacha, discreción,
sencillez y trato amable hacia convecinos y compañeros, es decir, hacia todos.
Absolutamente hacia todos.
Termino ya. Seguiré brindando mi amistad más auténtica a todos, al paso de los
años que Dios me quiera conceder a partir de esta fecha. Que sigais trabajando
con ilusión, porque Laredo se merece todos vuestros esfuerzos y lo mejor que
cada uno llevais dentro.
Os hago una despedida que me sale del corazón: ¡Os quiero a todos!
Y ya, aquí y ahora, quiero recordar aquella vieja cantuca pejina, por lo que os
pido a todos, por favor, que os pongais de pie, en cada mesa, extendais vuestros
brazos y enlaceis vuestras manos, unos con otros y, como lo hacían nuestros
mayores, sin duda ante una mesa mucho más pobremente abastecida que ésta, -a lo
sumo de albillo y galletas-pero con gran contento y alegría, cantar todos:
¡Muchísimas gracias a todos!
R. de F.