5 de abril de 2001
rufo de francisco marín laredo
Laredo puede presumir de tanta musicalidad, que hasta su propio nombre de pila está formado por tres notas del pentagrama: LA-RE-DO. No es de extrañar, entonces, que el modo de hablar pejino de sus gentes esté impregnado de ese acento cantarín que tanto le caracteriza.
Basta paladear en las fuentes de la Historia para comprobar que esta Villa gozó de una preponderancia social y económica en nuestra region durante un dilatado período de tiempo. Pero, sin romper con su glorioso pasado, Laredo ha sabido transformarse de pueblo esencialmente pesquero y conservero en una incuestionable realidad turística de primer orden, toda vez que, aunque su población permanente ronda los 15.000 habitantes, durante la temporada estival su elevada colonia veraniega se confiere honores de ciudad grande y cosmopolita.
Aunque suele exagerarse la cifra de veraneantes en los diferentes lugares turísticos, no se ofrece aquí la de Laredo en verano. Llegado éste, a la vista de cuantos arriban a la Villa queda de manifiesto su enorme capacidad de recepción turística. Pero a pesar de ese notable aumento poblacional, su amplia zona del Ensanche permite dar cabida a un sin número de visitants, nacionales y extranjeros, sin que se produzca sensación de agobio o condensación.
Debemos reconocer, y lo hacemos de buena gana, que la Naturaleza se mostró pródiga al crear una serie de bellezas naturales que, ármonicamente conjuntadas, forman un paraje de ensueño.
Situada a orilla del Mar Cantábrico, está abrazada por una sinuosa hilera de montañas de suave declive, pinceladas de verde dominate (de ahí su denominació turistica, registrada bajo patente a nivel nacional, de “Laredo Costa Esmeralda”), desde las que se saborea, en el mirador natural del Alto de Laredo una impresionante panorámica con el mar cobalto como fondo –colores verde y azul que con el blanco conforman la bandera de Laredo–, el arenal del Salvé rendido a sus pies para configurar un arco de varios kilómetros de fina y dorada arena, la cual abraza el puerto pesquero y éste a la pintoresca Puebla Vieja, declarada conjunto Histórico-Artistico, integrada por vías estrechas y adoquinadas, plazuelas recoletas y casonas blasonadas, de evocador ambiente histórico.
Esta compenetración del entorno natural y de la Villa sobre el que se asienta, con su inmensa playa, conocida por su seguridad como “la playa de los niños”, festoneada de airosas villas y modernos edificios de apartamentos –tan sólo en la zona del Ensanche turístico soprebasan los doce mil– con avenidas y calles cruzadas a cuadrícula, zonas verdes, un impresionante Paseo Marítimo, que es uno de los de mayor longitud existentes en España, y un Real Club Náutico dotado de soberbias instalaciones, hacen de Laredo un enclave ideal para saborear intensamente su serena belleza.
Laredo, que vive abierto al turismo, ofrece al visitante de hoy un programa completo de actos y celebraciones que proporcionan un fuerte atractivo a su estancia veraniega en esta noble y acogedora Villa. Junto a festejos de hondo sabor típico, como son las Regatas con sus espectáculos marítimos tan pintorescos –cucañas y patos al agua–, se ofrecen concursos de bolos, bailes populares y verbenas, romerías en los diversos barrios, animadas por las numerosas Peñas, exposiciones de pintura, cine al aire libre, títeres y guiñol, entremezclados con los de carácter deportivo, como vela, fútbol, ciclismo, etc., sin olvidar la recreación del desembarco en 1.556 del Emperador Carlos V en Laredo, donde participa el vecindario ataviado con ropajes de la época.
Destacan los Cursos de Verano de Laredo, de la Universidad de Cantabria, que han convertido a Laredo en “Villa Universitaria de Verano”, conferencias culturales, recitales y actuaciones musicales en los parques públicos, así como conciertos que muestran lo más representativo de la Música, la cual escuchada y “vista” en el incomparable marco gótico de la Iglesia de Santa María, resulta inolvidable, para desembocar en la esplendorosa “Gran Batalla de Flores”, que tuvo su primer escenario en el mar, en la mar, el año 1.908, en cuya fiesta reina, declarada de Interés Turístico Nacional, que se celebra el ultimo viernes de Agosto, desfilan bellas y airosas carrozas que, haciendo honor a su denominación, son adornadas exclusivamente con flores y rematadas con pétalos de rosas, entre una auténtica manifestación de arte multicolor, buen gusto y alegría desbordante.
Todo ello hace de esta Villa noble, marinera por tradición, turística por vocación, acogedora y gentil siempre, el enclave ideal para disfrutar plenamente su radiante y tranquilizadora belleza, mientras que a lo lejos se escuchan, como un susurro apenas, los sones de la popular y entrañable “cantuca” pejina “… son de Laredo, de Laredo son…”
R. de F.